Podcast 31

E

l contraer una enfermedad mental grave tiene un impacto fundamental en la vida de toda la familia. La familia se convierte entonces en paciente, co-terapeuta y “mano amiga” en el regreso del paciente a la sociedad. Para un paciente que padece esquizofrenia, las relaciones con la familia pueden traer satisfacción o convertirse en una carga emocional. Aquí, la psicoeducación es muy importante, y el enriquecimiento del conocimiento de los familiares sobre la enfermedad. 

En este contexto, es importante ver como la disfunción social vista en la esquizofrenia se relaciona a la cognición social, el proceso de adquirir y interpretar conocimiento subjetivo. Estudios han reportado que la cognición social está más fuertemente asociada con el indicador de funcionamiento social, entendido como la habilidad de afrontar situaciones sociales problemáticas, en comparación con las funciones cognitivas. Además, en los últimos años se ha demostrado que la capacidad de mentalización, como aspecto clave de la cognición social, es un factor importante que explica la disfunción social de las personas que padecen esquizofrenia. Este fenómeno afecta la calidad de vida de los pacientes y por ende, una alta taza de investigación sobre cómo tratar la disfunción social en pacientes es necesaria. En los pacientes esquizofrénicos, el retiramiento social pasivo, que se produce debido a la falta de motivación, se relaciona más con los síntomas negativos, mientras que la evitación social se relaciona más con los síntomas positivos y es un comportamiento activo resultante del miedo, la hostilidad o la desconfianza injustificadas. 

Como ya mencionado, está bien establecido que el funcionamiento social deficiente en la esquizofrenia es causado, en gran parte, por déficits conductuales en la cognición social. Investigaciones recientes demuestran que las habilidades cognitivas sociales dependen de la actividad y conectividad de regiones específicas del cerebro. Estos incluyen regiones involucradas principalmente en el procesamiento de las emociones, como lo son la amígdala, corteza somatosensorial, cuerpo estriado ventral y corteza orbitofrontal medial. La esquizofrenia está asociada con la disfunción neuronal en estas regiones, y el grado de disfunción está relacionado con el desempeño cognitivo social y el comportamiento social del mundo real.

Investigaciones recientes han demostrado que la cognición social tiene una fuerte relación con los resultados funcionales, lo que significa que, para los pacientes que tienen disfunción social, la recuperación será más difícil de lograr. Problemas en el déficit social son significativamente aliviados en respuesta a tratamiento con antipsicóticos en algunos pacientes. No obstante, debido a lo antes discutido sobre los tratamientos existentes, es una prioridad en la investigación científica identificar otras vías de tratamiento. No obstante, el efecto de antipsicóticos en el déficit social es beneficioso para identificar genes y la patología de la enfermedad para así poder crear una nueva generación de terapéuticos. A medida que se disponga de nuevos tratamientos para los déficits de cognición y cognición social, los médicos pueden ayudar a más pacientes a lograr la recuperación.

Actualmente, hay muchos investigadores en la neurociencia, genética, y psicología buscan estudiar los mecanismos que controlan el comportamiento social en el sistema nervioso central, con la meta de identificar nuevas vías que puedan ser utilizadas para lidiar con este síntoma en pacientes esquizofrénicos. El laboratorio del Dr. Mark Fishman en el Department of Stem Cell and Regenerative Biology en la universidad de Harvard busca descubrir las vías genéticas, celulares, y neuronales que gobiernan el comportamiento social. Utilizando al pez cebra como modelo animal, el Fishman Lab ha desarrollado herramientas visuales computacionales para rastrear peces cebra individuales en escuelas mientras nada en arenas abiertas, y han generado algoritmos para cuantificar y describir la actividad de peces individuales y suponer las fuerzas entre ellos, por ejemplo, atracción o alineación. Por medio de la técnica de CRISPR-Cas9, el equipo del Dr. Fishman han eliminado sistemáticamente genes individuales, lo que consecuentemente causa varios patrones distintivos en el comportamiento del grupo, impulsados ​​por mutaciones individuales. Algunas mutaciones hacen que los peces se dispersen, esencialmente ignorándose unos a otros; otros se apiñan en pequeños grupos relativamente inmóviles; y otros para mejorar la natación alineada coordinada de todo el grupo.

Los genes eliminados y que afectan las interacciones sociales de los peces son los que se cree que están relacionados con enfermedades psiquiátrica en los seres humanos, en particular el autismo y la esquizofrenia. Uno de estos es el gen slc6a3, el cual codifica para el transportador de dopamina DAT. En este caso, los científicos pudieron revertir por completo los cambios de comportamiento utilizando clozapina, el medicamento antipsicótico utilizado para pacientes con esquizofrenia discutido previamente. Esto sugiere que algunos genes pueden haber conservado funciones en el comportamiento social desde el pez hasta el ser humano y estudiarlo pueden traernos grandes posibilidades para el entendimiento y tratamiento de la esquizofrenia. 

Las larvas de los peces cebra no exhiben comportamientos sociales profundos, pero el circuito neuronal se analiza más fácilmente en las larvas ya que son más pequeñas y transparentes. En colaboración con el laboratorio del Dr. Florian Engert, el Fishman Lab está utilizando una variedad de ensayos, incluyendo la realidad virtual, donde se ha demostrado déficits de comportamiento específicos causados ​​por mutaciones en genes relacionados a la esquizofrenia como disc1 y scn1lab. En un manuscrito recientemente publicado a causa de esta colaboración, se reporta que reflejos visuales que se creen aportan al surgimiento de un comportamiento social complejo y normal son afectados al remover estos genes. Estos modelos pueden predecir cómo y dónde se basan tales perturbaciones en el cerebro, y varias teorías que se están explorando con imágenes de calcio unicelulares.

En la escuela de medicina de la Universidad de Miami, el laboratorio del Dr. Claes Wahlested busca estudiar el papel de los sistemas epigenéticos en los desórdenes psiquiátricos. La desregulación de los efectores epigenéticos, incluidos los microARN y las enzimas modificadoras de histonas, puede explicar mejor el papel de los factores de riesgo ambientales y la tasa de heredabilidad observada que no puede atribuirse por completo a los alelos de riesgo genético conocidos. En un estudio publicado en el 2018, el Whalested Lab busco identificar nuevos objetivos epigenéticos del microARN 132 asociado a la esquizofrenia utilizando al murino como modelo animal. Ellos reportaron que la sobreexpresión de miR-132 disminuyó la trimetilación global de la histona 3 lisina 27 (H3K27), una marca epigenética represiva. Además, la metiltransferasa H3K27, EZH1, está regulada por miR-132 y se encuentra aumentada en la corteza prefrontal de los esquizofrénicos. A diferencia de su homólogo EZH2, la expresión de EZH1 en la corteza prefrontal del murino disminuyó después de la exposición crónica a antipsicóticos. También reportaron que el agotamiento de EZH1 mediado por virus en la corteza prefrontal del murino atenuó la sociabilidad, mejoró los comportamientos motivacionales y las vías de expresión génica afectadas relacionadas con la interacción social y el comportamiento motivacional, los cuales son aspectos clave de los síntomas negativos de la esquizofrenia. Además, la eliminación de EZH1 contribuyó a cambios en la expresión génica relacionadas con la neurotransmisión, incluida la alteración de los genes del receptor de dopamina asociados a la esquizofrenia D1 y D2. Estos nuevos hallazgos destacan una necesidad de comprender las funciones biológicas de EZH1 en la corteza prefrontal adulta e investigar cómo la señalización de miR-132 / EZH1 podría contribuir a la patología de la esquizofrenia. 

Un tercer campo de estudio en el comportamiento social y la esquizofrenia está siendo estudiada por científicos en Taipei Medical University en Taiwan. Ellos sugieren que la desregulación de la oxitocina puede desempeñar un papel en la regulación de la expresión de la esquizofrenia. Dado a que es evidente que es necesario mejorar las opciones de tratamiento para la esquizofrenia, se está estudiando a la oxitocina como un posible terapéutico debido a su papel en los comportamientos humanos, particularmente en la cognición social. Una variedad de estudios ha examinado los posibles beneficios clínicos de la oxitocina para mejorar la psicopatología en pacientes con esquizofrenia. La evidencia creciente de ensayos clínicos y preclínicos demuestra resultados prometedores con el uso de oxitocina intranasal como un complemento a los antipsicóticos para mejorar los síntomas positivos y negativos de la esquizofrenia. Más importante aún, se reporta que la oxitocina intranasal puede ayudar a restaurar los déficits cognitivos sociales en pacientes con esquizofrenia. En todos los estudios clínicos, la oxitocina intranasal se tolera bien y casi no produce efectos adversos. En conclusión, la oxitocina es un candidato prometedor para el tratamiento de la esquizofrenia en un momento de innovación y seguridad en el descubrimiento de tratamientos.

Finalizando esta sección, con esto en mente, nos podemos preguntar, ¿y qué podemos esperar para el futuro? Actualmente, la evidencia clínica y preclínica apunta al cannabidiol (CBD) como una estrategia prometedora para tratar síntomas de esquizofrenia. Igualmente, están surgiendo nuevos terapéuticos. El más famoso hasta el momento es la invención de SEP-363856, un agente psicotrópico novedoso con un mecanismo de acción único que, aunque todavía no identificado, este no tiende a actuar en los receptores dopaminérgicos D2 y por ende, parece ser prometedor en el desarrollo de una nueva generación de tratamientos que carecen de los efectos secundarios derivados del bloqueo de la señalización de D2. No obstante, con esta información nos podemos seguir preguntado muchas otras cosas como: ¿Hay genes aislados que son parte de un mecanismo de comportamiento social que pueden servir como fuente de tratamiento? ¿Es posible descubrir neuronas y circuitos en el cerebro que son parte del comportamiento social? Si existen genes relaciones al comportamiento social, ¿pueden estos pueden servir como blanco para tratamientos potenciales? Con mucho talento en la neurociencia, psicología, genética y otras áreas de la ciencia dedicándole sus vidas a la investigación de la esquizofrenia, el futuro parece prometer.

Ahora sí. Gracias por su atención. Espero que lo hayan disfrutado. Nos vemos en la próxima.